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OPINIÓN
Por Roberto Escobar Budge
Realidad chilena al fin de la colonia

Al artículo "O"Higgins y el problema de la Cultura" de Roberto Escobar Budge, pertenecen los siguientes análisis, los cuales tratan sobre las características sociales y económicas de Chile a fines de la época de la colonia.


Realidad chilena al fin de la colonia

Para centrar la atención en nuestro proceso cultural hacia la naciente identidad chilena es necesario recordar que durante el largo periodo colonial, Chile fue la posesión española que presentaba los peores resultados económicos. No se dispone de muchos datos precisos, pero uniéndolos a testimonios indirectos podemos reconstituir un escenario de país alejado de España, el más distante en América.

Con una producción minera razonable, una producción de alimentos que sólo alcanzaba para el consumo interno y una total dependencia de España en lo relativo a bienes manufacturados. Chile sólo pudo vivir por el apoyo especial y directo desde España y desde Lima.

En el campo intelectual, sin embargo, Chile desarrolló desde la primera instancia una expresión artística propia. Si bien pocas obras coloniales han sobrevivido al tiempo, tenemos los testimonios de nuestra actividad musical, pictórica y literaria, y un marcado interés por el humanismo filosófico y político.

O'Higgins era conocedor de estas actividades y los compartía con humanistas como Juan Egaña y Manuel de Salas tanto como lo hacía con militares ilustrados como José de San Martín, Joaquín Prieto y Francisco Antonio Pinto.

Era necesario hacerlo todo, desde establecer una Constitución y un sistema legislativo, reformar la enseñanza, crear fuentes de trabajo, aumentar las exportaciones y organizar un nuevo sistema de participación política de la ciudadanía. Todo esto requería mejorar la tecnología y para ello era necesario ampliar la educación.

Como se ve, en el siglo XXI el panorama vuelve a presentarse a otro nivel, pero con aspectos similares.

Según un informe preparado por Manuel de Salas en 1795, único documento de su especie, se calculaba que las importaciones de Chile, al rededor de 3 millones de pesos de la ,poca, excedían a las exportaciones en 30%,10 . que se equilibraba con aportes directos e indirectos de España, siendo claro que Chile no era autosuficiente.

Los productos que importaba Chile y los que exportaba dan una idea de su vida cultural: azúcar, tabaco, yerba mate y textiles configuraban la mayor importación desde Perú y Argentina, y herramientas, hierro y cerámica desde España.

Las exportaciones eran moneda amonedada, cobre y plata en barras, sebo, jarcias, vino, cuero.

La ganadería y la crianza de caballos estaban muy desarrolladas en Chile y como ejemplo se registra que en la hacienda que O'Higgins heredó de su padre había el equivalente de un millón de dólares de hoy en ganado en pie y m s de 600 caballos de servicio. Con todo lo cual don Bernardo alimentó y reforzó al ejército de la Patria Vieja.

Ideales culturales de O'Higgins y su tiempo

Armados de este escueto retrato social pasamos a examinar el problema cultural de la Independencia.

En síntesis se puede sostener que el deseo de los patriotas era crear un puente entre los mitos del pasado nacional y las utopías de su futuro.

Crear un "modelo cultural" para el país era necesario y urgente para la independencia, y podemos anotar que hoyes igualmente necesario pero no nos parece urgente.

Los escritos de Juan Egaña y Manuel de Salas centran el problema chileno en la expansión de la educación y en el desarrollo técnico y la alfabetización.

Por su proceder se ve que O'Higgins aceptaba esta visión, hoy criticada como de "despotismo ilustrado", y veía que era necesario conducir al país hacia su progreso, no tanto económico como intelectual.

En particular se debía aumentar la producción, financiar las deudas del Estado por la Guerra de la Independencia y evitar la creciente ola de inflación y desempleo. Al mismo tiempo era necesario afianzar la independencia de América para no ser reconquistados por España.

No era hora para detenerse en mitos coloniales sino avanzar hacia las utopías salvadoras.

Los mitos coloniales que era necesario superar pueden resumirse en tres enfoques:

  1. Que Chile era un "Reino" y tenía por ello destino propio, diferente de las otras colonias españolas;
  2. Que Chile, dentro de su pobreza, tenía un modo de vida austero y virtuoso superior al de otros países sudamericanos, notablemente Argentina y Perú, y que sus condiciones naturales lo colocaban a la cabeza de las colonias;
  3. Que Chile siempre había tenido la protección del Estado ante sus deficiencias económicas y sociales. Rol que había cumplido el Estado español y que el gobierno independiente tendría que cumplir aún mejor.

La explicación de cada uno de estos mitos es relativamente simple.

Cuando Felipe II asumió el Imperio, los chilenos no olvidaron que antes, siendo éste Infante, para su matrimonio con María Tudor, Princesa de Inglaterra, se le concedió entre otros títulos el de Rey de Chile, para elevar su condición de Príncipe a la de Rey.

No es necesario pensar mucho para darse cuenta que se escogió simbólicamente a la Colonia m s distante y m s pobre, ya que se trataba de un asunto honorífico, pues el Infante heredaría todo el Imperio. Por esta razón los chilenos ya desde la Colonia se sentían desvinculados de las otras pertenencias españolas. Por razones administrativas se vinculaban al Virreinato de Lima, pero su "mito" era que mientras los peruanos eran súbditos de un virreinato, nosotros teníamos Rey propio y por ello una jerarquía superior.

Esto llevaba a buscar la certificación de su hidalguía en España durante la Conquista para reclamar tierras y cargos y posteriormente en el siglo XVIII obtener, a cambio de aportes especiales hacia el déficit permanente de la Colonia, el reconocimiento de títulos de nobleza tales como Marqués de Vallenar, Marqués de Casa Real de la Moneda, Marqués de la Pica, Conde de Quinta Alegre, Conde de la Conquista, entre otros. Todo ello seguía uniéndonos míticamente al Imperio español.

O'Higgins suprime los títulos de nobleza y con ello los "mayorazgos", sistemas patrimoniales que conducían a la concentración del poder económico en los jefes de familia, los que a su vez reclamaban privilegios políticos especiales.

Respecto al mito de la superioridad chilena y la excelencia de su naturaleza, éste se vio reflejado literariamente al menos por Valdivia en sus "Cartas"; Ercilla en La Araucana; Pedro de Oña en Arauco Domado; Bascuñan en El Cautiverio Feliz, entre otros, y m s tarde por Egaña en Cartas de un Pehuenche y Noches en la Quinta de las Delicias, y por Lillo que terminó bautizándonos como "la copia feliz del Eden".

El mito de la protección espontánea del Estado no es m s que la continuación del ideal medieval castellano en América, se explica si se tiene presente que durante la Colonia, Chile sufrió continuas catástrofes mayores, entiéndase

terremotos, inundaciones, erupciones volcánicas, salidas de mar o epidemias de peste, una de éstas cada siete años en promedio. Es decir, 38 desastres mayores, desde la llegada de Valdivia hasta el Cabildo Abierto de 1810.

En todos ellos el gobierno, tanto local, del Virreinato o desde España, socorrió a los damnificados. Durante 200 años España financió desde Lima la Guerra de Arauco, enviando en total m s de 30.000 soldados con sus pertrechos sin costo para los chilenos. Además, dada la pobreza de Chile, los envíos de herramientas y productos elaborados desde España tenían un considerable descuento para Chile, salvo si había problemas bélicos.

Por esto, efectivamente en 1800 ya hacía 11 años que España había suspendido los beneficios y los productos españoles costaban en Chile el doble, problema que aceleró la idea de la independencia ya antes de 1810.

O'Higgins comprendió que los ciudadanos debían asumir su responsabilidad de sostener su propio Estado y que eso era la base "cultural" de la dignidad nacional sobre la cual debía descansar una idea de la superioridad chilena, y que además los chilenos debían ayudar a la independencia de otros americanos para poder en realidad asumir un destino histórico superior al que había tenido como país protegido y subvencionado.


Roberto Escobar Budge es profesor de la Universidad de Chile, Universidad Católica de Valparaíso y de la Universidad de Missouri. Además es miembro de Número del Instituto O"Higginiano. También es músico y se ha desempeñado como Presidente de la Asociación Nacional de Compositores de Chile y de la Sociedad Chilena de Filosofía.

El artículo completo se encuentra en el libro: "Seminario Internacional Francisco de Miranda y Bernardo O"Higgins en la Emancipación Hispanoamericana"de Christian Ghymers H. Editado por Instituto O"Higginiano de Chile el mayo de 2003.


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